Castillos de naipes o serpentines de fichas de dominó. Casi cualquier cosa que construyes en este mundo se sostiene sobre una realidad inconsistente... empuja una ficha o mueve un naipe de la base y verás como la estructura, o una parte de ella, se cae y también verás que una parte de ti mismo se cae con ella.
La tendencia a sobreestimarnos nos lleva sutilmente a subestimarnos, es solo una cuestión de tiempo ver como unos acontecimientos conducen a otros pues ambos polos son el reverso de un todo unificado. Cuando construyes un serpentín o un castillo de naipes construyes algo, cuando decides que eso llegó a su fin o se desmorona por si solo eso que construiste se viene abajo. En su construcción y en su destrucción hay algo en ti que permanecerá como un testigo neutro, sin inmutarse.
Fíjate un objetivo, el que sea, levanta con esfuerzo, sudor, amor, obstinación cada pieza del serpentín y colocala en el lugar adecuado, no olvides que la interdependencia de los fenómenos siempre jugará a tu favor y en tu contra.
Inevitablemente pondrás algo personal en ello pues es tu energía la que hace que eso que haces pueda edificarse, cuanto más personal sea lo que está en juego más te identificaras con cada pieza que pones, más relevancia les vas a dar.
Cuanto más grande sea la estructura, cuanto más quieras ser visto por tus logros, más te dolerá y te afectará que la estructura sea disfuncional, que no sea vista por tus logros y que sea criticada por no cumplir las expectativas ajenas... lo mejor que te puede pasar en esos momentos es que te des cuenta de que hay algo que no funciona, de que lo importante de cualquier cosa que hagas es hacerla a gusto mientras la haces sin esperar que nadie te aplauda por el resultado.
Cuando veas que tu objetivo se ha cumplido no te enganches, no te quedes fijado, ¿acaso construyes castillos de naipes para que aguanten durante milenios? ¿construyes un serpentín para que el polvo se acumule en él? No hay nada en el mundo físico que permanezca indemne, recuerda que cuando eras un niño o una niña lo hacías para ver después que aquello a lo que le dedicabas tiempo se venía abajo, intenta recordarlo bien porque si buscabas un aplauso por tus méritos el resultado al final era el mismo y todo era momentáneo.
De la cosa más pequeña a la cosa más grande, del serpentín del niño al imperio del emperador, solo encuentro una pequeña gran diferencia: las consecuencias.
Y, para variar, lo que quedará en tus manos, no será nada que te puedas llevar, solo podrás quedarte con la experiencia y la experiencia es algo que en algún momento u otro también tendrás que desechar si quieres seguir viviendo tu vida con alegría y con la mente abierta para que las cosas nuevas, simplemente, sucedan.
Me quedé sin el trabajo en el que he estado en los últimos tres años, era un medio para un fin y me doy cuenta de lo muy interdependientes que son los medios y los fines puesto que el camino a cualquier fin es un medio y es un fin en si mismo. Al final, todo es importante y todo carece de importancia, observate en perspectiva y con desapego de lo que hagas y me comprenderás.
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